La fe y la duda no pueden existir en la misma mente al mismo tiempo

fe

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Salmo 139:1

 

El problema de la duda se inicia cuando ponemos más atención a nuestros sentimientos, carnalidad, nuestras experiencias y capacidades, que en las promesas de Dios descritas en Su palabra. Trayendo de esta manera dolor al corazón de Dios, quien nos dice que “Él no miente y Él no se arrepiente” Números 23:19

Cuando recibimos esta exhortación a confiar en Él y no dudar, una y otra vez. ¿Cree Ud. que Dios estará diciendo: “No, no esa promesa ya no está vigente”, y le dice al escritor, “no me metas en problemas ya no escribas mas de eso”? No, por el contrario, hasta añade otras palabras, como: Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Lucas 11:10

Y esto, no significa que responderá a algunos nada mas, dice “todo aquel” sin acepción, y siempre.

Si en algún momento no recibe lo que ha pedido debe de estudiar lo siguiente: ¿En nombre de quien lo ha pedido? (Juan. 14:13); ¿Cuál es el propósito de lo que ha pedido? (Santiago 4:3); ¿Habrá maldad en lo que ha pedido? (Salmos 66:18).

Si nos damos cuenta la promesa de Lucas 11:10 está basada en todo aquel que pide, busca y llama, según la voluntad de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 1 Juan 5:14

Puede que alguien se decepcione al leer este último versículo y diga: “Claro lo que Él quiere”, pero ¿y lo que quiero yo?

Estimado lector, si fuese así… habría que hacer un profundo examen de los intereses e intenciones que hay en el corazón, o si nuestro espíritu es recto o no delante de Dios, para saber así si estamos en comunión o no con los intereses de Dios.

No cometamos el error de analizarnos a nosotros mismos. Cuando David lo hizo, no hubo gozo alguno: mientras callé, se envejecieron mis huesos. (Salmos 32:3), Pero un día Dios juzgó su corazón y David reconoció su falta, Pequé contra Jehová. (2 Samuel 12:13), desde allí en adelante David aprende a depender de Dios y a pedirle que sea Él quien le examine.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos;  Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. Salmos 139:23-24

Si meditamos atentamente en esto, nos daremos cuenta que el problema no siempre está en la respuesta de Dios, ni en nuestra fe vacilante, sino que el problema puede estar en que la intensión del corazón no es buena. El salmista David reconoce esto y pide a Dios que haya en él un cambio.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10

Pastor David F. Fuentes

 

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