Ministerio a los que se encuentran lejos de la comunión de la iglesia.

Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados. Mateo 5:4

Objetivo: Comenzar a orar por los que están lejos

Hay muchas cosas que hacer de acuerdo a las enseñanzas que recibimos, lamentablemente vivimos en un mundo en donde todos estamos muy propensos a cometer muchas faltas ya sean errores en el hablar, proceder o actuar.
En relación a estas faltas, no me refiero solo al que vive lejos de Dios sino también al que cae aun teniendo el conocimiento de Su palabra en el proceder hacia sus hermanos.

La Biblia nos muestra a grandes hombres de Dios batallando contra su propia naturaleza, pero por sobre todo aquello, vemos también la inmensa misericordia de Dios que procura dar esperanza, especialmente al más necesitado.

Por esta razón el sermón del monte, ha sido uno de los más gloriosos en relación a alcanzar a un pueblo que sufría por causa de su alejamiento de Dios y las consecuencias de esto mismo.
En el versículo 4 cuando Jesús dice: “Bienaventurados los que lloran” no se refiere solamente a una forma de llorar. Hay aquellos que lloran por el dolor de sus pecados, de sus faltas delante de Dios ya que en sus conciencias saben que han faltado. Salmos 51:3; como también está el llanto del que sufre por diversas causas, como son: problemas, enfermedades, situaciones adversas, etc. Salmos 22 Y también están los que lloran por los que lloran, o los que se afligen por otros como: Nehemías, Daniel o el mismo Jesús. 2 Corintios 1:3-4

Lamentablemente no siempre las reacciones son las mas correctas, hay muchos que ven al caído y comienzan a murmurar de ellos, sin ninguna intensión de restaurarlos o ayudarlos. En lugar de sentir tristeza parece que la idea es hacer correr sus faltas lo mas pronto posible, eso no es correcto, eso no es actuar de una manera bíblica o con amor.

¿Qué es lo que Jesús nos quiere enseñar o decir en este versículo, especialmente a los que conocen y entienden la misericordia de Dios y la practican?
Que son dichosos o bendecidos los que lloran por sus pecados buscando el perdón de ellos, los que lloran por sus sufrimientos permitiendo así la labor especial del Consolador en sus vidas, pero también los que lloran por los caídos, los que se ponen al lado del necesitado y les ofrecen consuelo.
Hay muchos que han recibido grandes bendiciones de muchos, pero al mas mínimo error pasan a aquellos a la lista de los condenados.

Dios quiere que nosotros seamos movidos por su gran amor y acompañemos a algún hermano o hermana que está sufriendo.
¿No creemos que es suficiente con el alejamiento del verdadero camino, o el sufrimiento que pasan los que se han soltado en algún momento de sus vidas de la mano del Señor, como para que además de esto, nosotros los que por misericordia hemos recibido el perdón de Dios, les desplacemos? ¿No es suficiente con la hipocresía, falta de amor que hay en el mundo sin Dios, para que además de eso la iglesia actúe de la misma forma?

Pienso que es muy necesario que existan aquellos que lloran por los hermanos, los que sienten el dolor ajeno y que se ponen a disposición del Consolador para ayudar, restaurar y levantar al caído. Aquellos que dicen de corazón “hermano Yo estoy contigo”. Estos son los que siempre aparecen en el momento de la pérdida de un ser querido, están al lado del que pasa por grandes enfermedades, los que visitan los hospitales o cárceles dando aliento, que maravillosa bendición es tener a estos misericordiosos compartiendo una conversación sana sin hipocresía o prejuicios, si todos nosotros pudiésemos realizar esta labor sin lugar a dudas que tendríamos una iglesia bendecida en toda su extensión pues Dios dice en su palabra: No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.misericordia Lucas 5:32
Amados no basta con ofrecerle el cielo a los perdidos sin Cristo, cuando se lo negamos a alguno de los nuestros dentro de la iglesia. Dios nos guíe a vivir el evangelio que predicamos y nos podamos afligir por tantos que hoy no están con nosotros por juzgarles cuando Dios ha dicho: “no llames tu común o inmundo lo que yo he santificado”
Hechos 11:9

Si podemos hacer estas cosas Dios nos llamará “Bienaventurados”.

Serie: En la escuela de Dios

One thought on “Ministerio a los que se encuentran lejos de la comunión de la iglesia.

  1. Daniel Diaz Romero

    Lamentablemente siento que la raíz del problema que aqueja a la iglesia, es ignorar el evangelio de la Gracia. Si la iglesia volviera su corazón hacia el Dios de las escrituras, entendería que en el Evangelio se ha manifestado la Justicia de Dios por medio de la Fe en Jesucristo (Romanos 3:21), que en el evangelio Dios Justifica al impío sin mediar obras (Romanos 4:5). Esta escandalosa Gracia a muchos aún les suena ofensiva, escandalosa; y prefieren ignorar la justicia de Dios, procurando establecer la suya propia (Romanos 10:3). A pesar de estar muy lejos de lo que fue Pablo, me atrevería a exclamar como él acerca de muchos en mi iglesia… “Tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia” (Romanos 10:2).
    El ignorar la Justicia de Dios por medio de la Fe en Jesucristo, esa justicia que hemos recibido de pura gracia, a generado que muchos se sientan merecedores de los favores de Dios más que otros, que muchos crean que el bienestar económico es sinónimo de comunión con Dios (un mal que lamentablemente cada día es más palpable en mi iglesia), que muchos se formen un dios a su imagen y semejanza, que odia los pecados que ellos odian, pero es clemente con los pecados que ellos cargan sobre sí mismos; un dios que es severo con los pecados morales (por eso nunca miran con buenos ojos al que Dios lo cambió siendo homosexual, por ejemplo), pero que pasa por alto las injusticias sociales. Sin embargo, el Dios bíblico, junto con condenar los pecados de corte moral, también condena al que oprime al pobre, a aquel que hace juicios injustos en favor de los ricos y poderosos. Dios condena también a aquel que siembra discordia entre hermanos. Muchos tienen estos pecados como si fuesen de segunda categoría, y no sienten ningún remordimiento al caer en ellos; y esto es porque adoran a un ídolo, no al Dios de la Biblia, porque procuran establecer su propia justicia, y no se aferran a la justicia de Dios.
    El Dios de las escrituras, junto con condenar todos estos pecados, ofrece un perdón perfecto para todos ellos. Un perdón que justifica, limpia y santifica al impío.
    Si volvemos nuestros rostros al Dios de las escrituras, al evangelio de la gracia, a la Justicia de Dios que es por la Fe en Jesus; tendremos misericordia del caído y procuraremos su restauración, y también tendremos fe en el perdón de Dios, en la hora de nuestra propia debilidad.

    Un abrazo amado Pastor y amigo.

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