MISIONES ÁFRICA

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.
img_5998Colosenses 4:2-4

“Era el rostro más horrible que había visto” —dijo el voluntario Bautista del Sur Jack Hinton en su viaje a la isla caribeña de Tobago. Se encontraba entonces dirigiendo el tiempo de alabanza en el servicio de adoración en una colonia de leprosos. En lugar de seleccionar los cantos él mismo, el pastor oriundo de Carolina del Norte, preguntó a los leprosos cuáles eran sus himnos favoritos. Cuando llegó el tiempo de entonar el último himno, una mujer que estaba sentada de espalda al púlpito se dio la vuelta. Le faltaba la nariz, las orejas y casi había perdido sus labios en su totalidad. “Levantó su mano sin dedos y preguntó: Podemos cantar “Cuenta las promesas de tu Dios” Sumamente conmovido, Hinton tuvo que abandonar el servicio. Otro voluntario lo siguió afuera para consolarlo. “Jack” —le dijo— “yo creo que nunca más podrás cantar ese himno, ¿verdad?” –“Oh, sí lo haré” —dijo Hinton— pero nunca más lo cantaré de la misma forma”.

Amados hermanos misioneros, debemos de alcanzar a los perdidos a como dé lugar, el hacerlo no es una opción sino un gran deber, el dulce Jesús ha llegado a nuestras vidas siendo que esa dadiva de Dios era para nosotros un regalo inmerecido, pero además de bendecirnos hoy nos llama a mirad los campos, la gran necesidad que hay en el mundo sin Dios, Él también murió por ellos y que hermoso sería ser ocupados para tan noble misión, “predicar Su evangelio”.

El realizar esta labor nos llevará a vivir diferentes experiencias, ¿Estás preparado?

¿Cuál es su parte en las misiones? Dios ama a todo el mundo y quiere que todos conozcan y acepten a Jesucristo como su Salvador personal. Jesús les dio a los apóstoles la Gran Comisión en Mateo 28:18-20. “Jesús se acercó y les habló diciendo: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. La Gran Comisión no fue dada sólo a los apóstoles; sino a cada creyente y a toda la iglesia. ¡Le fue dada a usted! Por tanto, tiene la responsabilidad de compartir con otros acerca de su fe y de lo que Jesús está haciendo en su vida.

Las iglesias usualmente trabajan en su área local, proclamando el evangelio y eso es muy necesario, pero cuando estas crecen, deben de pensar prioritariamente en la proclamación del evangelio más que en su propia estabilidad o continuidad en alguna ciudad, y una de las principales formas de hacerlo es equipando y preparando a sus congregaciones para proclamar las buenas nuevas, enseñándoles a entregar aun sus propias vidas en el esmero de alcanzar a los perdidos; y esto involucrará muchas veces, el despego de todas las cosas materiales, la perdida de la propia estima frente a la adversidad, soportar calumnias y persecuciones, vivir anónimos ante todo lo glorioso que Dios pueda hacer a través de estos hombres y mujeres dispuestos en sus manos, dando así de esta manera siempre honra y gloria a aquel que les llamó.

También tenemos un segundo grupo que son llamados por Dios afuera, para trabajar independientemente de sus iglesias con una visión similar, estos deben de apoyarse en organizaciones misioneras o amistades para encontrar el respaldo necesario y claro está, por la fe en el respaldo divino.

Para cumplir con la gran comisión debe de haber un cuerpo trabajando en conjunto, hay tres formas de participar en misiones: unos son los que van, otros los que oran y otros los que aportan. Usted incrementará la efectividad de los misioneros siempre que se integre como parte vital de la estrategia de campo.

Muchas veces los misioneros penetran a una nueva etnia, comunidad o nivel de la sociedad. Ellos deben ser “llamados” y “especialmente equipados” para realizar la tarea que tienen en sus manos, dentro de esta preparación también se debe considerar la posibilidad de participar en una misión sin retorno. El radicalismo de los grupos de oposición a la extensión del evangelio no se puede medir hoy, (el mal no tiene reglas) por tanto es necesario ser enseñados no a vivir para el mundo sino mas bien a morir por Cristo.

Hay muchos que dicen que están dispuestos a morir por Cristo, pero lamentablemente ni siquiera viven para él, otros dicen que aman a los pecadores, pero no se atreven a ir a los lugares de mas pobreza, abrazar a los perdidos, ni siquiera están dispuestos a tocarle sus manos. Jesucristo no hace acepción de personas, el evangelio es para todos por cuanto todos somos pecadores y Jesucristo no ha venido a juzgarnos sino a salvarnos. (Juan 12:47)

El verdadero amor no se ofrece de lejos, se entrega de cerca. (Juan 3:16)

Por todo esto, dispongámonos en las manos de Dios, para que Él quite todo orgullo y vanidad, seamos sencillos y mansos, diligentes y misericordiosos, buscando siempre la gloria de aquel que nos redimió con su sangre para Él, y si esto hacemos pediremos en oración de que cada uno de nosotros seamos investidos de poder (Lucas 24:49). Y a través de esta unción divina, llevaremos adelante la gran comisión en donde el Señor nos necesite.

“Para que el cordero que fue inmolado reciba honra por su sacrificio”.

df

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