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PAZ EN MEDIO DE LA TORMENTA

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no opeace2s la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

Muchas veces el llanto sirve como válvula de escape para emociones muy fuertes y difíciles de contener, situaciones que generan en la persona sensaciones de miedo, temor, ira, tristeza, angustia pero también de felicidad, de alegría o de incontenible satisfacción. El llorar no es algo que una persona pueda provocar fácilmente o que pueda contener tampoco fácilmente.  La angustia, es una tensión emocional, que cuando sobrepasa los límites, disminuye las defensas inmunológicas, el cuerpo no lo soporta y es afectado por una fuerte depresión, también conocida como surmenage.

En relación al dolor provocado por la injusticia, pérdida de un ser querido o diversas pruebas puede llevar a la persona a trastornos graves, el desconsuelo por falta de esperanza es uno de los peores. Cuando existe aflicción en extremo, usualmente la persona tiende a buscar ayuda, quizás no dando a entender siempre su desesperación ya que no en todos los casos la misma persona se da cuenta de su trastorno, las aflicciones muchas veces se esconden detrás de tareas, responsabilidades o el orgullo mismo que no quisiera dar a conocer su estado por interpretarlo a sí mismo como una debilidad. La forma de tratar todo esto en forma inmediata, es admitiendo que necesitamos ayuda, y la mejor ayuda en dificultades de esta naturaleza es recibir consolación.

Se puede entender el significado de la palabra consolación con el apoyo de dos términos griegos: parakaleo, paraklesis, que subrayan el aspecto de animar, exhortar, sostener y confortar a quienes sufren, o mejor dicho, inculcar esperanza en aquellos que la vida les parezca una carga insostenible. De hecho, la consolación conlleva el sentido de confortar a aquellos en situaciones de desolación, abandono,  desamparo, entre otros.

Algunos ejemplos en la Biblia:

Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? (Salmo 6:2-3)

¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades (Salmo 77:7-9)?

Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto (Salmo 83:1).

En el Salmo 22:1 contiene tal vez el ejemplo más conocido, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” Jesús repitió ese salmo en la cruz: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

En el Evangelio de Juan, el término “consolador” es aplicado al Espíritu Santo con una especificación: el Paráclito, defensor, abogado. El término es tomado del lenguaje jurídico y designa aquel que se pone de parte del acusado para ayudarlo a defenderse, y esta es ciertamente una función de consolación, de soporte (Juan 14:16-17). La asistencia del Espíritu se expresa en el comprender la verdad (Juan 16:13) y en el dar testimonio de Jesús (Juan 15:27). El Espíritu Santo es el consolador por antonomasia. Jesús lo había predicho: “Pediré al Padre y Él os mandará otro consolador” (Juan 14:16).

Abre tu corazón a Dios, Él nos invita a recibir Su consuelo en medio de las pruebas, es bueno reconocer que necesitamos este aliento divino.

En la experiencia de los discípulos con Jesús cuando le vieron andar sobre el mar, se turbaron, y ellos llegaron a decir: ¡Es un fantasma! Y de miedo, se pusieron a gritar. Pero Jesús les habló, y les dijo: Tened ánimo, soy yo; no temáis. Cuando escucharon su voz Pedro inmediatamente, dijo: Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas y Jesús le invito a caminar sobre ese mar tempestuoso y en medio de esta experiencia Pedro se turbó y comenzó a hundirse, pero fue en ese instante que ocurrió algo maravilloso. Pedro se dio cuenta que no podía salir de aquello tan difícil y admitió que necesitaba ayuda y exclamó: “Sálvame que perezco”, quizás podríamos decir que era suficiente que Jesús ya les hubiera aparecido a todos y ya, pero, ¿Por qué tuvo que hablar Pedro y probar si realmente era Jesús pidiéndole caminar sobre las aguas también?

En mi opinión creo que la curiosidad de Pedro nos enseña mucho ya que representa en muchos aspectos nuestra propia vida, ¿En cuántas tempestades no nos hemos sentido morir? ¿Cuántos de nosotros no quisieramos ponernos de pie inmediatamente en el nombre de Jesús y salir de allí? Dios nos enseña que Él tiene poder para calmar la tempestad de nuestra vida por muy grande que esta sea (Mateo 8:26), enseña la forma de hacerlo (Isaías 45:22), y también a aprender que en medio de esa difícil situación, Él estará con nosotros (Daniel 3:25).

Amado, posiblemente todo este texto descubra en ti una necesidad o te identifiques con este estado de tristeza, dolor o desánimo. Dios no quiere que te detengas en esta prueba que vives y pienses que será permanente, nuestros sufrimientos sirven para un propósito superior. Están determinados, no solo para madurar nuestro carácter, y forjar nuestra fe, sino que además para sacarnos de un pensamiento egoísta en el que creemos que lo que nos pasa a nosotros a nadie más le pasa, o también a su vez al dolor que viven otros y alentarlos, la palabra de Dios nos dice: … que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos I Tesalonicenses  5:11.

Permite que estos principios amolden tu perspectiva. Aprende a responder bíblicamente y no emocionalmente a tus propios problemas.

Te invito a que dejes que tu corazón reciba aliento y consuelo a través del Espíritu Santo, no te juzgues desmedidamente la oferta viene del amor de Dios y Él para ofrecértela no te está juzgando, simplemente deja que el calor del amor de Dios saque tu tristeza y angustia, te libere de lo que te oprime interiormente, te aliente a ir hacia delante afrontando las dificultades con la certeza absoluta que sea lo que sea que tengas que afrontar y cual sea el resultado, Él estará contigo y no te dejará solo. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán, cuando pases por el fuego no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. Isaías 43:2

Ahora, me pregunto: ¿Por qué estás débil en la fe?, ¿Estás orando lo necesario?, ¿Estás leyendo la Biblia lo suficiente?, ¿Te estás congregando frecuentemente?, ¿Estás sirviendo como Dios te lo ha indicado?, si hay un déficit en alguna de estas áreas, es necesario que pongas mucha atención a cada una de ellas.

¡Vamos!, Dios no te trajo acá para volver atrás, te trajo para que poseas lo que ha preparado para ti, y para demostrarte que Él es más grande que cualquier situación difícil que se te presente.

¡Esfuérzate aún mas! No dejes que te turbe ningún pensamiento alejándote de tu única esperanza, hay poder en Jesús. Juan 14:1

Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará. Deuteronomio 31:6

Pastor David Fuentes WS-NC USA 

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